1. La violencia se ha desplazado hacia el sur, lo que está provocando nuevos desplazamientos masivos
A lo largo de junio, el temor a la violencia seguido de ataques confirmados desencadenó pánico y movimientos masivos de población en áreas cercanas a la capital provincial, Pemba, que antes se consideraban relativamente estables, como los distritos de Ancuabe y Chiure. Se cree que más de 30.000 personas se han visto desplazadas como resultado de la actual ola de violencia.
Este es el mayor pico de desplazamiento forzoso en lo que va de año. Muchas personas han huido varias veces, obligadas en cada ocasión a abandonar sus pocas posesiones y medios de subsistencia.
Durante el último año, las fuerzas armadas mozambiqueñas y aliados regionales aumentaron su presencia en varias regiones. Los focos de violencia se han desplazado geográficamente y al mismo tiempo hay gente que ha comenzado a regresar a lugares que fueron atacados anteriormente o que estaban bajo el control de grupos armados no estatales.
La situación sigue siendo muy fluida. Nuestra organización está realizando ayuda humanitaria en varios lugares en los que la gente ha encontrado refugio tras los recientes ataques, como Ntele, en el distrito de Montepuez, donde llegaron más de 1.000 familias a finales de junio. La mayoría arribó con pocas pertenencias, o con ninguna, y tras haber experimentado un gran estrés psicológico.
2. Las necesidades humanitarias son enormes, pero la ayuda es escasa
Nuestros equipos están trabajando en distritos donde la vida de la gente se ha visto alterada por el miedo a los ataques, contraataques y estallidos impredecibles de violencia. En algunos casos,somos la única organización humanitaria internacional que trabaja en esos lugares de forma permanente, a pesar de la clara necesidad de mucha más ayuda.
Muchas personas evitan estar en los pueblos por la noche porque sienten que estarán más seguras en el campo o en el bosque. Pero de esa manera afrontan otros peligros, como la malaria, que es un gran problema. En Macomia, por ejemplo, cuatro de cada diez adultos que acudieron a nuestras clínicas en mayo y ocho de cada diez niños dieron positivo en esta enfermedad mortal.
En toda la provincia, la atención especializada para afecciones médicas crónicas, como el VIH, a menudo no está disponible, a pesar de la alta prevalencia de dichas enfermedades. En Mueda, una localidad montañosa en el norte de la provincia, donde nuestros equipos de MSF trabajan en el hospital local y hacen clínicas móviles, hemos visto empeorar la condición de muchos pacientes después de que interrumpieran su tratamiento.
3. La crisis está pasando factura a la salud mental de la gente
La crisis en Cabo Delgado está lejos de terminar. Con una violencia que continúa incesable, cientos de miles de personas sufren los efectos del miedo, la violencia y el desplazamiento, tanto en términos de su salud física como mental. Casi todos en la región han experimentado algún tipo de trauma durante este conflicto, como resultado de presenciar o sufrir violencia, perder a seres queridos o sus hogares.
Mientras podamos garantizar que nuestros equipos estén seguros, continuaremos esforzándonos por llegar a las personas más vulnerables en la provincia de Cabo Delgado, donde sea que estén.